La novicia voladora, la serie que fue un verdadero calvario para Sally Field

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l argumento de La novicia voladora podría haber sido un chiste lanzado sin mucha expectativa en alguna reunión de producción de alguna cadena importante de televisión estadounidense. Pero no. La novicia voladora fue una serie que surgió de un libro, que fue pensada para ser protagonizada por Sally Field y que se convirtió en un éxito que se estiró por tres temporadas a fines de la década del 60.

También fue un calvario para la entonces jovencísima protagonista, un disparador de chistes humillantes por parte de muchos personajes centrales de la industria y el trampolín a la popularidad para Alejandro Rey, un actor argentino que se radicó en Estados Unidos en 1960.

Basada en el libro de 1965 El decimoquinto pelícano de Tere Rey, La novicia voladora fue producida por Screen Gems y se emitió por la cadena ABC entre 1967 y 1970. A través de los 82 capítulos que duró la serie, los televidentes siguieron las aventuras de la hermana Bertrille (Field) -Elsie Ethrington su nombre de nacimiento-, y sus aventuras en el convento San Tanco de San Juan, en Puerto Rico.

Además de su vocación altruista y sus ganas de ayudar, la hermana Bertrille tenía una particularidad: la combinación de fuertes vientos, su gran tocado con alas y su peso corporal, de apenas 40 kilos, le permitían volar. O, como ella misma explica en uno de los capítulos del programa, “cuando la sustentación más el empuje es mayor que la carga más la resistencia, cualquier cosa puede volar”.

La trama de la historia se develó en el piloto de la serie, un capítulo de una hora que convenció a los ejecutivos: Elsie Ethrington, oriunda de Chicago, llega a San Juan desde Nueva York, donde fue arrestada en el marco de una protesta. Proveniente de una familia de médicos, Elsie decide dedicar su vida a la religión lejos del hogar: impresionada por el trabajo misionero de su tía y tras romper con su novio, un joven vendedor de juguetes, se calza el hábito y se muda a un convento de la isla. Allí convive con la reverenda Madre Plácido (Madeleine Sherwood), la hermana Jacqueline (Marge Redmond) y la hermana Sixto (Shelley Morrison). Vito Scotti como el capitán Gaspar Fomento y el argentino Alejandro Rey como Carlos Ramírez, un playboy huérfano criado por las monjas y compañero de aventuras de Bertrille, completaban el elenco.

Buscando el beneplácito de la Iglesia Católica, los productores de lo que seguramente fue la primera sitcom ambientada en un convento acudieron a la Oficina Nacional Católica de Radio y Televisión (Ncort, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos en busca de asesoramiento.

Y si bien en un principio todo salió según lo pautado y la serie se convirtió en un éxito entre los espectadores, las buenas críticas pronto cesaron, el público dejó de acompañar y ABC canceló el programa luego de tres años. Entre los motivos del fracaso, Sally Field señaló la insistencia de Harry Ackerman, productor estrella, en darle al show un título muy comercial. La novicia voladora terminó siendo blanco fácil para la burla, algo que no hubiera sucedido con otro nombre menos descriptivo.

Un par de temporadas dentro del mundo del ridículo

Cuando Sally Field leyó el guion, con apenas 19 años, supo de inmediato que hacer volar a una monja no era una gran idea. Sin embargo, y contra sus deseos, aceptó el desafío. La misma actriz contó lo mal que lo pasó durante toda la experiencia en una entrevista que le dio a Oprah Winfrey para su programa O, The Oprah Magazine, en marzo de 2008.

En una charla amena, Field recordó que cuando se canceló Gidget, la serie que protagonizó en 1965, a los productores se les ocurrió el show de la monja voladora para que volviera al aire. “Yo no quería hacerlo. Estaba tratando de averiguar quién era yo, pero sabía quién no era: una monja voladora. Tenía casi 19 años y mi sexualidad necesitaba ser explorada”, recordó, y contó que tenía problemas con todas las religiones, que rechazó el trabajo y que se sintió muy valiente luego de negarse a participar de semejante historia. Sin embargo, su padrastro apareció en escena para obligarla a firmar el contrato. “No te creas más de lo que sos. Si no aceptás ese papel, es posible que nunca vuelvas a trabajar”, recordó la actriz que le espetó el hombre. “En ese momento, yo no era lo suficientemente mayor o fuerte para decirle que estaba equivocado”.

“Ese trabajo terminó siendo tres años largos y duros”, repasó la multipremiada actriz, y reveló lo duro que fue ponerse en la piel de una hermana que podía volar. “La novicia voladora se convirtió en una gran broma. Bob Hope y todos los demás cómicos se burlaron del programa, y yo no podía distinguir la diferencia entre los chistes sobre la hermana Bertrille, mi personaje, y los chistes sobre mí. Fue profundamente humillante. Me sentí denigrada como persona”, repasó.

Luego de explicar que seguro que al resto del elenco no le pareció tan trágica la situación, contó que todo mejoró luego de casarse con Steven Craig y quedar embarazada. “¿Te puedes imaginar cómo se veía una monja voladora embarazada?”, bromeó. Durante las grabaciones del último año, los técnicos tuvieron que usar el ingenio para que la panza de Field no se note.

Gracias al embarazo, o al casamiento, o al paso del tiempo, algo en Field cambió. “Empecé a sanar. Crecí y salí de la niebla. Y, en última instancia, la experiencia de estar en la serie me dio una fuerza tremenda. Me hizo querer ser una verdadera actriz, sin importar qué. Cuando mantienes los pies sobre el fuego el tiempo suficiente, te das cuenta de lo mucho que no te gusta ese fuego. Duele como el infierno santo”, explicó. Luego, contó que gracias al papel de la monja voladora fue persona non grata, que tuvo que dejar la televisión por un tiempo y que además se enfrentó con el trabajo de romper con el mito que indicaba que los actores de TV no servían para el cine. Incluso recordó que antes de entrar a la oficina de Bob Rafelson, quien buscaba actores para su película Stay Hungry, escuchó al director gritar del otro lado de la puerta: “¿Por qué perdemos el tiempo viéndola?”. El resto de la prolífica, larga y siempre vigente carrera de Field en el cine terminó por responder esa pregunta.